El NIÑO PROBLEMA DE LA CLASE Y EL EFECTO DE LA MÚSICA
Este podría ser un título poco apropiado para hablar sobre un niño. Pero este es el “sobrenombre” que he escuchado en los pasillos. Se trata de Juan un niño de tan solo 7 años que no entra a clase y anda corriendo y jugando todo el día, sin miedo a las consecuencias que esto pueda tener.
Constantemente se escuchan quejas sobre Juan. “Juan está gritando no deja concentrar a otros chicos que están haciendo un examen” “Juan no ha querido venir almorzar” “Juan bajo los tacos de electricidad, haciendo que la clase estuviera sin luz durante 1 hora”, ¡Juan! ¡Juan! ¡Juan!
Sin embargo, Juan logra recostar su cabeza para descansar en uno de los tantos salones que hay en el colegio. El mágico salón de la clase de Música en Bogotá. Llega allí y sigue las pautas para entrar. Se quita los zapatos y delicadamente empieza a explorar cada uno de los instrumentos. Disfruta el sonido de cada uno de ellos. Participa activamente de las actividades y juegos musicales propuestos en clase. El canto es un eje fundamental de la clase y aunque su voz esta un poco ronca hace su mayor esfuerzo que es el resultado de amor por lo que hace y siente.
En un momento nos quedamos solos y me dice que quiere aprender a tocar el piano. Nos sentamos e iniciamos con el método didáctico de la academia Musical Baqueta que establece el aprendizaje a través de colores y números y empezamos a realizar ejercicios para activar la coordinación y la motricidad en los dedos.
Le pregunto que si antes había tenido un profesor de música y me dice que si. Su profe se fue del país y no ha podido crear empatía con algún otro maestro. Me impresiona la actitud de Juan en este proceso de interpretación musical porque le permite concentrarse y pasar horas disfrutando de algo que le gusta. Siempre que se escapa de sus clases ya se donde encontrarlo.
¿Cómo focalizar la música en su proceso académico complementario? Comenta!
